La Educación del Niño desde la Antroposofía: Rudolf Steiner






Mas en el hombre de nuestra época, el "Yo" dista mucho de ser una entidad simple; podemos reconocer su naturaleza si comparamos los distintos grados evolutivos humanos. Obsérvese el salvaje ignorante y al hombre corriente del mundo civilizado, y compárese a éste, a su vez, con un eminente idealista. Todos ellos tienen la facultad de decirse "yo" a sí mismos; en todos ellos existe el "sustrato del Yo"; mas en el salvaje primitivo corresponde a sus pasiones, instintos y deseos, casi a un nivel animal; el hombre más evolucionado se dice a sí mismo: a tales y tales inclinaciones y deseos sí debo de responder, y frenaré y suprimiré otros; el idealista, además de las inclinaciones y pasiones innatas, ha creado otras nuevas, superiores, como resultado de la acción del "Yo" sobre los demás miembros de la naturaleza humana. Esta es la función del "Yo": ennoblecer y depurar, desde sí mismo, a los demás miembros.

De este modo, por la influencia del "Yo", quedan transformados, más o menos, los miembros inferiores en el hombre que ha trascendido el estado en que externamente se halla. En sus primeras manifestaciones, cuando la criatura humana apenas empieza a elevarse por encima del animal, es muy semejante a éste en lo que corresponde a sus miembros inferiores: su cuerpo etéreo y biofórico es simplemente el vehículo de las vitales fuerzas formativas del crecimiento y de la reproducción, y su cuerpo astral sólo expresa aquellos instintos, deseos y pasiones, que la naturaleza externa le engendra. Conforme el hombre, por trabajo progresivo y a través de vidas o encarnaciones sucesivas, se eleva a niveles cada vez más altos, su "Yo" va transformando los demás miembros constitutivos. Así, su cuerpo sensible se va convirtiendo en un vehículo de purificados sentimientos de placer o desagrado, de deseos y anhelos refinados; su cuerpo etéreo, transformado, se torna en vehículo de hábitos, de las inclinaciones permanentes, del temperamento y de la memoria. El hombre cuyo "Yo" no ha ejercido todavía influencia sobre su cuerpo biofórico, no recuerda sus vivencias; se despliega tal como se le pide la naturaleza.

El desenvolvimiento cultural de la humanidad se expresa en el trabajo de perfeccionamiento que el "Yo" logra sobre sus miembros inferiores, trabajo que desciende incluso hasta el cuerpo físico. Bajo la influencia del "Yo", la fisonomía se modifica, se cambian los ademanes y movimientos, y todo el cuerpo físico adopta un nuevo aspecto.


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