El Elemento - Ken Robinson




1. Si no estás preparado para equivocarte, nunca se te ocurrirá nada original.
La búsqueda del Elemento por parte de uno mismo te permite definir de forma objetiva cuál es tu verdadero potencial. Lamentablemente, la percepción que tienes de ti mismo es en ocasiones muy limitada. Pero es posible cambiar siempre y cuando seas capaz de superar las limitaciones que implican no aprovechar del todo tus facultades. Es fundamental tener plena conciencia de que el cambio es posible. Si algo tiene el Elemento es que aporta esperanza, una esperanza que mira hacia el futuro del que tú y yo sólo tenemos la certeza de que será distinto al presente. Además, la búsqueda del Elemento debe enfocarse desde dos características: la capacidad y la vocación. Y a estas dos características hay que añadirle la actitud y la oportunidad. De ahí que la secuencia que debes marcarte para la búsqueda del Elemento debe ser: lo entiendo, me encanta; lo quiero, ¿dónde está?

2. Uno de los enemigos de la creatividad y la innovación es el sentido común.
En El Elemento de Ken Robinson hay que aprender a pensar de forma diferente. Debes empezar por cuestionarte aquellas capacidades que de por sí se dan por sentado. Para ello debes añadir a los cinco sentidos que ya existen un sexto: la intuición. Y junto con la intuición tener muy en cuenta estos otros cuatro sentidos: el sentido de la temperatura, el sentido del dolor, el sentido vestibular (equilibrio y aceleración) y el sentido kinésico (percepción de las partes del cuerpo). Tomando conciencia de estos sentidos y añadiéndolos a los que ya posees, tendrás una mayor predisposición para reformular una pregunta clave para encontrar el Elemento. Se trata de cambiar la pregunta ¿Cómo eres de inteligente? por esta otra ¿De qué modo eres inteligente? Pensar en cómo de inteligente eres coarta de por sí tu propia inteligencia. De ahí la formulación de Howard Gardner y su visión de las inteligencias múltiples. Lo que hay que aprender es que la inteligencia no es limitada, sino múltiple. Y además de múltiple es heterogénea (se expresa en diversas formas), dinámica (interacciona con el cerebro) y peculiar (cada persona la usa para una forma diferente).

3. La creatividad es la imaginación aplicada.
Se tiene la creencia equivocada sobre el hecho de pensar que la inteligencia y la imaginación son dos cosas completamente distintas. No se puede ser creativo sin actuar con inteligencia. Según Ken Robinson, la creatividad consiste en el proceso de tener ideas originales de gran valor. Pero para ser creativos hay que ser eminentemente activos, hay que aprender a hacer conexiones, cualidades que no posee la inteligencia, que es más reflexiva y menos perceptible a los sentidos.

4. Hacer lo que nos gusta nos llena de energía y nos lleva de vitalidad. Se trata no sólo de una energía física, sino mental.
En El Elemento de Ken Robinson se habla de la zona como el lugar más profundo del Elemento. Cuando estás en tu zona es cuando realmente eres consciente de que aquello que estás haciendo te apasiona y te llena de energía. En la zona es donde eres más que en ningún otro sitio tú mismo. De ahí que cuando transitas en ella te vuelvas más decidido y entregado con aquello que te apasiona. El concepto de zona es un concepto amplio y cada persona debe ser capaz de encontrar la suya propia porque es en la zona donde podrá experimentar una sensación plena de libertad y autenticidad.

5. Para encontrar tu Elemento es fundamental poder conectar con otras personas que compartan tu misma pasión.
Aunque la zona es esencial para lograr el Elemento, en esa búsqueda también se hace imprescindible encontrar tu tribu, es decir, encontrar personas afines a ti. Al respecto, Ken Robinson establece una serie de diferenciaciones realmente interesantes. En primer lugar distingue entre tribus colaborativas y tribus competitivas, donde el concepto competitividad adquiere una connotación positiva. En segundo lugar distingue entre dominio y campo. Mientras que el dominio hace referencia a los tipos de actividad (enseñanza), el campo son las personas que se dedican a ello (docentes). Por último, establece una diferenciación entre pertenecer a una tribu y pertenecer a la multitud (concepto de fan) Esta última diferenciación es muy importante porque el peligro de pertenecer a una multitud implica una cierta “despersonalización”, a diferencia de la riqueza personal que aporta pertenecer a una tribu.

6. Las recompensas del Elemento son considerables, pero puede que para recoger los frutos tengas que hacer frente a una severa oposición.
La búsqueda del elemento no está exenta de impedimentos. Dichos impedimentos se pueden clasificar en tres grandes grupos: personal (hay que aprender a superar el miedo y la angustia que provoca la búsqueda del Elemento y hacerlo con actitud y determinación personal), social (hay que superar el miedo a la desaprobación y, sobre todo, huir del “es por tu propio bien”) y cultural (hay que superar la idea de lo que se entiende por aceptable e inaceptable y tener muy en cuenta de que a veces la cultura condiciona tu vida de una forma imperceptible e inconsciente).

7. Lo que determina nuestra vida no es lo que nos pasa sino lo que hacemos con lo que sucede.
Ken Robinson defiende la idea de que ser bueno en algo es imprescindible para encontrar el Elemento. Pero no es suficiente. También es necesaria la actitud. Y ahí es donde entra en juego lo que se entiende por la suerte. La suerte se basa en maximizar las oportunidades y actuar en consecuencia a estas. Además hay que estimular la intuición, ver de otra forma las situaciones cotidianas, reelaborar lo que no funciona para hacer de ello algo provechoso y actuar con perseverancia acerca de lo que estás convencido.

8. Lo extraordinario sucede cuando salimos de nuestra rutina, reconsideramos nuestra trayectoria y recuperamos viejas pasiones.

En muchas ocasiones la percepción que tienes de tu vida es lineal y unidireccional. Esto es algo altamente peligroso porque hace que la cultura se fragmente en función de la edad. La edad se convierte en un elemento segregador y no debería ser así. Lo bueno de buscar el Elemento es que puedes hacerlo a cualquier edad. Nadie tiene el derecho a decirte qué y qué no debes hacer. Es más, nadie tiene derecho a decirte cuándo o cuándo no debes hacer algo.

9. El Elemento consiste en una concepción más dinámica y orgánica de la existencia humana, en la que diferentes partes de nuestra vida no se ven como si estuviesen cerradas herméticamente, la una separada de la otra, sino interactuando e influyéndose entre sí.
En primer lugar hay que partir de la distinción entre profesional y aficionado. Lamentablemente, se considera al aficionado como alguien de segunda clase, es decir, el concepto aficionado tiene un cierto aire peyorativo. Pensar así es un error. De ahí que Ken Robinson haga referencia a un término muy interesante que es el término “pro-am” Un  “pro-am” se dedica como amateur a una actividad determinada sobre todo por amor al arte, pero tiene un nivel profesional, su tiempo libre no es consumismo pasivo, sino activo y participativo. Se trata de un híbrido social que practica su pasión fuera del ámbito social que compensa con trabajos en ocasiones poco estimulantes. De ahí que no debes cometer el error de pensar que la búsqueda del Elemento implique renunciar a lo que te dedicas. Se puede vivir el Elemento desde tu trabajo, tu tiempo libre (pasivo y sin esfuerzo) y tu entretenimiento (actividad de esfuerzo físico y mental). De ahí que de lo que se trata es de encuentres un equilibrio entre ganarte la vida y vivir la vida.

10. La educación no necesita que la reformen, necesita que la transformen.
¿Cómo? Aplicando los procesos principales que conducen hasta el Elemento. ¿Cómo? Reformando los tres sistemas principales de la educación: Plan de estudios (lo que se espera que el alumno aprenda), la pedagogía (sistema que ayuda a los alumnos para la realización del plan de estudios) y la evaluación (proceso de medir, de cuantificar lo que se está haciendo). Pero como afirma Ken Robinson la escuela de hoy sólo se centra en el plan de estudios (controlado por políticos) y la evaluación (pruebas estandarizadas). Entonces, ¿cómo se puede transformar la educación? Ken Robinson da tres respuestas:
-       Suprimiendo la jerarquización de las asignaturas.
-       Cambiando las asignaturas por disciplinas (interdisciplinariedad).

-       Mediante un plan de estudios individualizado, no globalizado.

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