El paradigma anarquista de la educación - Silvio Gallo




1. El Paradigma Anarquista

Para entender la dimensión real de la filosofía política del anarquismo es  necesario  que  lo  comprendamos  constituido  por  una  actitud,  la  de negación de toda y de cualquier autoridad y la de afirmación de la libertad.
El propio acto de transformar esa actitud radical en un cuerpo de ideas abstractas, eternas y válidas en cualquier situación, constituiría la negación del principio básico de la libertad. Admitir el anarquismo como una doctrina política  cerrada  significa  llamar  a  sus  sepultureros  y  negar  su  principal fuerza, la afirmación de la libertad y la negación radical de la dominación y de la explotación.

Así  pues,  debemos  considerar  al  anarquismo  como  un  principio generador, como una actitud básica que puede y debe asumir las más diversas  características  particulares  de  acuerdo  con  las  condiciones sociales e históricas en las cuales se halla inmerso. El principio generador anarquista  está  formado  por  cuatro  principios  básicos  de  teoría  y  de acción:

a.  Autonomía  Individual:  El  socialismo  libertario  ve  en  el  individuo  a la  célula  fundamental  de  cualquier  grupo  o  asociación,  elemento  que no  puede  ser  invisibilizado  en  nombre  del  grupo.  La  relación  individuo- sociedad en el anarquismo es esencialmente dialéctica: el individuo, sólo existe si pertenece a un grupo social (la idea de un individuo aislado de la sociedad resulta absurda); la sociedad, por su parte, sólo existe en cuanto agrupamiento de individuos que, al constituirla, no pierden su condición de individuos autónomos, sino que la construyen. La propia idea de individuo sólo  es  posible  en  cuanto  constituyente  de  una  sociedad.  La  acción anarquista resulta esencialmente social, pero basada en cada uno de los individuos que componen la sociedad y erigida para cada uno de ellos.

b.  Autogestión  Social: Como  consecuencia  del  principio  de  libertad individual,  el  anarquismo  es  contrario  a  todo  y  a  cualquier  poder institucionalizado,  a  cualquier  autoridad  y  jerarquización  y  a  cualquier forma de asociación así constituida. Para las y los anarquistas la gestión de la sociedad debe ser directa, fruto de la propia acción de las
personas involucradas, lo que terminó conociéndose como autogestión. 
Radicalmente contrarios a la democracia representativa, donde determinado número de
representantes es elegido para actuar en nombre de la población, las y los libertarios  proponen  una  democracia  participativa  donde  cada  persona participe activamente en los destinos sociopolíticos de su comunidad.


c. Internacionalismo: La constitución de los Estados-nación constituyó una  empresa  política  ligada  al  ascenso  y  consolidación  del  capitalismo, siendo por ello expresión de un proceso de dominación y de explotación; para las y los anarquistas resulta inconcebible que una lucha sociopolítica por  la  emancipación  de  la  clase  trabajadora  y  por  la  construcción  de una  sociedad  libertaria  pueda  restringirse  a  una  o  a  algunas  de  esas unidades geopolíticas a las cuales llamamos países. De ahí la defensa de un  internacionalismo  de  la  revolución,  que  sólo  tendría  sentido  si  fuese globalizada.

d.  Acción  Directa:  La  táctica  de  lucha  anarquista  es  la  de  acción directa;  las  personas  deben  construir  la  revolución  y  llevar  adelante  el proceso  como  obra  de  ellas  mismas.  La  acción  directa  anarquista  se traduce principalmente en las actividades de propaganda y de educación destinadas a despertar en la clase  la  conciencia  de  las  contradicciones sociales a que se hallan sometidas, haciendo que el deseo y la conciencia
de  la  necesidad  de  la  revolución  surja  en  cada  persona.  Puede  decirse que la principal fuente de acción directa fue la de la propaganda a través de  periódicos,  revistas  y  literatura  en  general.  Otra  vía  importante  de propaganda fue la educación propiamente dicha.

Tomando  al  anarquismo  como  principio  generador  cimentado  en esos  cuatro  principios  básicos  se  puede  ver  un  paradigma  de  análisis sociopolítico,  con  lo  que  existiría  un  único  anarquismo  que  asumiría diferentes formas y facetas de interpretación de la realidad y de la acción de acuerdo con el momento y con las condiciones históricas en que fuese aplicado. En ese sentido trataremos aquí de la aplicación del paradigma
anarquista a la teoría de la educación.


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